Miguel Ángel Sánchez Cordón, médico que ha vivido con sentimientos homosexuales y ha descubierto su heterosexualidad: “¡Mi vida ha cambiado radicalmente! ¡Estoy y soy muy feliz!”

Publicado en Afectividad y sexualidad.

“He alcanzado un sueño que me parecía inalcanzable: vivir mi sexualidad junto con mi esposa como un varón adulto. Ya en absoluto ni soy, ni pienso, ni siento como un homosexual. Puedo testimoniar que el cambio es posible. ¡Yo soy un fiel testigo de ello!"

20 de diciembre de 2012.-(Miguel Ángel Sánchez Cordón Religión en Libertad / Camino Católico) Me llamo Miguel Ángel Sánchez Cordón, tengo 55 años de edad, soy médico desde hace casi 33 años, he ejercido en tres Continentes (Europa, África y América Latina) y en varias decenas de países. Animado siempre por un deseo de servir ahí donde más se me necesitaba, mi lema ha sido siempre: “Hazle al otro lo que quieres que te hagan a ti”.

Soy el mayor de una familia cristiana de lo más normal. Éramos cuatro hijos, yo el primogénito - en funciones - pues mi hermano mayor, murió antes de nacer por lo que quedé como el único varón. Mi padre que era viajante nos quería mucho, pero estaba muy a su pesar, mucho tiempo fuera de casa por el trabajo. Nuestra madre murió al tener yo 8 años y la menor de mis hermanas un año. 

Esclavo de la pornografía

Al poco tiempo mi padre al tener a todos sus hijos repartidos entre varios familiares, casi se vio obligado, por estas circunstancias, a casarse de nuevo, con una mujer que tuvo el valor de asumir por amor, el matrimonio con un hombre que ya tenía cuatro hijos y que la dejaría sola la mayor parte del tiempo. Con ella aprendí que la maternidad o paternidad verdaderas no es cosa “de la sangre”, sino de la desinteresada capacidad de amar. O sea entregarse sin esperar nada o muy poco a cambio.

Esta experiencia personal con mi familia, indudablemente algo tiene que ver, pues por más de 40 años he sufrido una atracción sexual en absoluto deseada hacia los hombres. Ello me ha causado un gran y muy profundo dolor. Dolor que he vivido en la más absoluta soledad e incomprensión. 

A pesar de ser médico y de haber buscado ayuda en compañeros psiquiatras, nunca encontré una solución para mi adicción al sexo. Cada vez más me encontraba esclavo de la masturbación y la pornografía. 

Siempre he querido salir de ese círculo vicioso, pero no sabía realmente como, pues mi adicción, que no reconocía como tal, me lo impedía. Buscaba ayuda en sacerdotes y en la religión; pero no oraba bien, pues incurría en el error al que se refiere la Carta de Santiago (4,3): “Pedid y no recibís, porque pedís mal para dar satisfacción a vuestras pasiones”. Esa era mi realidad y es que no quería dejar el placer, lo fácil, lo más agradable... Cualidades todas ellas de un niño y no de un adulto.

Tremendamente infeliz y roto

Aunque vivía una vida de donación y entrega al necesitado; en mi interior era tremendamente infeliz y me veía roto: Yo me sentía por completo un hombre ¿Cómo entonces me atraían otros hombres? Nunca me he identificado con la palabra “gay” pues sé inglés - era el idioma más habitual en mi trabajo - y yo no era para nada “feliz”. Tampoco me podía poner la etiqueta de homosexual, pues aunque tenía esa orientación, yo NO me podía definir como un homosexual. Yo era un hombre, un médico, un cristiano, un hijo de Dios, pero NO era homosexual, por más que me pudieran atraer las personas de mi mismo sexo. 

Han sido años y años en los que este conflicto me impedía relacionarme de un modo saludable y normal con las personas fuera de mi ambiente laboral. Mi trabajo era el “todo”, al trabajo me entregaba por completo para no enfrentar mi realidad más profunda. Por años y más años, para evitar sufrir, reprimía cada vez más profundamente mi A.M.S (Atracción Mismo Sexo), ello me hacía mucho daño ¡Cómo no! Pero esa era mi autodefensa para vivir más o menos “normalmente”. Al menos de cara al “público”.

La solución al problema...

Llegó en un momento en el que ya no podía más y busqué sinceramente una solución al problema de mi vida y así fue como años después y hace tiempo, contacté con Alberto Pérez. A través de su vivencia personal descubrí la solución para todo lo que me pasaba. Descubrí en él a alguien que era libre, en total contraste con mi esclavitud. Alguien que vivía el cristianismo de un modo coherente y sin tapujos. Alguien que tenía el valor de a pesar de exponerse a críticas, daba su nombre, apellidos, su móvil y su email. No dudé en ponerme en contacto con él y en su respuesta descubrí que ese sueño que por años tenía y que casi lo había dado por imposible de alcanzar, se me hacía cercano y posible. No me atraía como hombre, me atraía lo que había conseguido y eso era algo que yo lo quería para mí, costase lo que costase.

Alberto me invitó a fiarme de él ¡No me fue para nada fácil! Yo le doblaba con creces la edad, era médico experimentado y con Masters en eso y en lo otro... Pero cuando hablé con él, esas dudas se me disiparon ante una afirmación suya tan simple y eficaz como esta: “¿Tú qué quieres: títulos, edad o resultados?”... Ante ello, no dude en fiarme, dejé de querer tener el control y confié plenamente en la ayuda que Alberto Pérez me brindaba. Él me ayudó a redescubrirme, a sacar afuera mi heterosexualidad, tapada por esa mentira que me llegué a creer de mi orientación homosexual. Alberto me ayudó también, a madurar ese “niño interior herido”, a conocer a Dios como un Padre muy cercano a mí y sanar así mi pobre relación con mi padre terrenal hasta llegar no sólo aperdonarlo sino a aceptarlo, comprenderlo y amarlo.

Terapia reparativa

Alberto también me ayudó a vencer la adicción que me asediaba y no me dejaba ser libre. Con la terapia reparativa que hicimos entendí, no con la mente, sino de un modo vivencial que la libertad no es hacer lo que me gusta, place o agrada; sino lo que quiero y debo hacer. Aprendí a hacer “actos de libertad” cuando mi pasado me ponía en situaciones de peligro queriendo de nuevo optar por ese falsa apariencia de felicidad, que no es sino otra mentira que fascina pero te deja completamente vacío. Juntos identificamos y sanamos cada una de las heridas emocionales que me hacían sentir esa atracción sexual hacia los hombres lo que, repito, no era para nada algo deseado.

¡Mi vida ha cambiado radicalmente! ¡Estoy y soy muy feliz! He alcanzado un sueño que me parecía inalcanzable: vivir mi sexualidad junto con mi esposa como un varón adulto. Ya en absoluto ni soy, ni pienso, ni siento como un homosexual. Puedo testimoniar que el cambio es posible. ¡Yo soy un fiel testigo de ello!

Es por todo esto y como una “lógica” consecuencia que estoy muy satisfecho de poder ayudar a Alberto en el trabajo que realiza; supervisando como médico el acompañamiento que hace a cada una de las personas a las que ayudamos, pues como yo tampoco ellos están contentos con su AMS. Con todo mi respeto a los que sí están satisfechos con su orientación homosexual.  Yo me dirijo a los que como yo para nada están contentos con sentir esa AMS. Espero y deseo que esta experiencia mía que os relato pueda ayudar a alguien a dejar lo que para mí era la mentira de la homosexualidad y a vivir en la Verdad que es lo único que nos hace libres. 

Para contactar con Miguel Ángel Sánchez Cordón, puede hacerlo escribiéndole a: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

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